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"Aprender a perder es un punto de inflexión para niños y familias"

La autora jacetana Ana de Arbués, lanza "Yo quiero ser futbolista... o no", un cuento prologado por el zaragocista Alberto Zapater.

Yo quiero ser futbolista... o no se forjó tras la publicación de Yo no quiero ser princesa. "Cuando lo presentaba en los colegios, me comentaban los conflictos que generaba el fútbol en los recreos y me sorprendió que en la mayoría estaba prohibido uno o dos días a la semana y los niños debían jugar a otros deportes de equipo", explicó Anita de Arbués. Ante esta realidad, la jacetana elaboró un cuento prologado por el capitán del Real Zaragoza, Alberto Zapater, "un ejemplo para nuestros chicos y chicas por su constancia, esfuerzo y respeto". La obra (dirigida a niños a partir de 5 años) forma parte de la colección de su editorial Fuendepila y las ilustraciones son de Mamen Marcén. Este sábado se presenta en Jaca a las 19 horas en el Casino Unión Jaquesa, pero Ana Laín Lázaro (nombre real de la escritora) lo dio a conocer ayer viernes en Bailo y el jueves en Villanúa durante dos cuentacuentos en los que inculcó el respeto y el trabajo en equipo. "El fútbol es un deporte de masas que siguen niños, adultos y abuelos, sin importar condición social, cultural y económica", según Anita de Arbués.


"Y pese a la concienciación actual, sigue habiendo padres que se pegan en los partidos, escolares insultando a jugadores por fallar un tiro o niños marginados porque no les gusta este deporte". Para la autora, "el fútbol escolar tiene multitud de beneficios psíquicos y físicos". En este sentido, "los niños deben crecer viéndolo como una forma de entrenarse en equipo y ayudar a meter goles al compañero que no es tan bueno; o una forma de respetar la situación de cada niño, en vez de hacer una jugada fea y ganar el partido a toda costa". "Con el fútbol, los niños adquieren valores fundamentales para su desarrollo como adultos, no solo por la superación y el sacrificio de entrenar, sino porque aporta disciplina, capacidad de esforzarse y trabajar en grupo y sobre todo, da la oportunidad de respetar y ayudar a sus compañeros", dijo. "Los niños trabajan además su capacidad lógica y abstracta" y "el fútbol les da la oportunidad de desarrollar sus capacidades emocionales, como la tolerancia a la frustración por no jugar un partido, no ganar o fallar un penalti". "Aprender a perder es uno de los puntos de inflexión en el proceso madurativo de niños y familias. Los educadores sabemos lo importante que es esto para el día de mañana", indicó Anita de Arbués. También, "se trabaja la empatía cuando un compañero falla un gol o todo lo contrario, la alegría, cuando mete uno". El cuento incluye material gratuito para desarrollar estos valores. Por un lado, está el programa Adebán, "una sencilla planificación de actividades y deportes alternativos para jugar en el recreo y que cada centro escolar puede modificar según sus necesidades y gustos". Por otro, hay un mini-manual de inteligencia emocional para entrenadores y familias de jugadores desarrollado por el método Emociona-T. Fuente: Ricardo Grasa (diariodelaltoaragon.es)

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