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El abuso de la táctica colectiva en el fútbol base

En las matemáticas la razón es una relación binaria entre dos magnitudes que son comparables entre sí. Es el resultado de dividir o restar dos magnitudes o cantidades. De entre los varios tipos de razones matemáticas que hay me quiero centrar en la razón aritmética que no es sino la diferencia (o resta) de dos cantidades.

Viene esto a colación de algo que se repite en el tiempo en el fútbol base; el abuso de la táctica colectiva en detrimento de la técnica y táctica individual.

Cuando, a mi entender, la táctica debería circunscribirse a la correcta toma de decisiones, al uso de la técnica individual en el momento oportuno (táctica individual) y al reconocimiento de espacios y su ocupación (Timing), tenemos por esos campos del suelo patrio a entrenadores que se dedican a enseñar táctica colectiva a equipos con jugadores con una alarmante y visible falta de fundamentos técnicos.

Esto es así, no es una opinión subjetiva. Si tenemos hora y media de entrenamiento y le dedicamos veinte o treinta minutos a la Táctica Colectiva, se lo estamos restando al trabajo de Técnica Individual y a la toma de decisiones. Matemática pura.


Hace muchos años que aprendí que en el fútbol formativo tenemos que ser entrenadores de jugadores y no de equipos. Tenemos que pensar en mañana, no en hoy. Tenemos que intentar dar al jugador el mayor número de armas técnicas en el presente para poder desarrollar la táctica colectiva en el futuro. Tenemos que incentivar la toma de decisiones. Y, por último,tenemos que cuidarnos mucho de la entrenadoritis.

En realidad todos, en mayor o menor medida, hemos padecido en nuestra juventud de la entrenadoritis, esa especie de sarampión que hay que pasar cuando comenzamos en los banquillos; aunque debe haber una mutación de la cepa del virus porque cada vez se son más entrenadores veteranos los que manifiestan fuertes síntomas. Desde luego esta enfermedad tiene cura. Es cuestión de tiempo, de aplicar sentido común, poner los pies en el suelo y saber que tenemos jugadores en edad de formación y no de Primera División, aunque hay entrenadores de base portadores del Virus raeda, productor de la entrenadoritis, muy vulnerables, e insisten y persisten en defender lo táctico ante lo técnico.

Como entrenador de fútbol formativo y con una larga experiencia sé que una cosa es la importancia que se le da al tema de la enseñanza de los fundamentos, lo que se dice, y otra bien distinta es el tiempo que se le dedica a diario a la práctica de la técnica individual, lo que se hace. En mis charlas con otros entrenadores hablo de ello con frecuencia. Sin embargo, a pesar de creer en la técnica individual como algo básico y muy importante, pocos piensan en ello lo suficiente como para actuar y la inmensa mayoría, tristemente, hacen muy poco al respecto.

Este es uno de los grandes dilemas del entrenador. Todos queremos triunfar; todos pensamos constantemente en el éxito; todos profesamos abiertamente nuestro gran deseo de ganar, pero al momento de actuar, lo hacemos de una manera contraria a los principios del éxito.

Debemos tener claro que ganar no significa necesariamente estar haciéndolo bien, ese sería un análisis muy simple además de erróneo. No podemos creer que por ganar estamos teniendo éxito.

En el cuento de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, hay un encuentro entre este y el Rey del planeta diminuto. Es un rey que, aunque no tiene súbditos, tiene claro lo que es saber dar una orden. En el siguiente diálogo entre ambos se explica meridianamente la naturaleza de lo que es dar órdenes para ser obedecidas. Lo que es tener claro lo que uno debe hacer.

“-Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?

-La culpa sería de usted -le dijo el principito con seguridad y firmeza.

-Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey- La autoridad se apoya antes que nada en la razón”.

¡Ah, la razón! volvemos a la razón, pero en este caso refiriéndose a nuestra capacidad de discernir no a la aritmética.

Y es que deberíamos tener claro a quiénes ordenamos y si estos tienen capacidad intelectual, técnica y física para cumplir esas órdenes.

Si en un partido de escuela o benjamines un entrenador da la orden de realizar una jugada, y nuestro jugador o nuestra jugadora pisa la pelota y se cae, ¿de quién será la culpa? Pues eso.

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